“La Bella y la Bestia” es uno de los cuentos infantiles con el que múltiples generaciones hemos crecido. El boom de esta historia fue, seguramente, gracias a Disney ya que a partir de su película, el cuento de la princesa conectó con el público infantil y quizá seguirá haciéndolo por largos años más.

¿Todos conocemos la historia del príncipe que primero es sapo pero el amor lo convierte en el más guapo para lograr conquistar el corazón de la princesa? En muy resumidas palabras es esta la reseña del cuento. Anteriormente sólo había tenido la oportunidad de ver la última versión en donde la protagonista fue nuestra querida Emma Watson, también había visto algunos pedazos de la versión infantil de Disney, la verdad es que estas historias idealizadas mezcladas con un poco de drama no son mi fuerte.

Pero esta vez la vida (y mi acompañante) me sorprendieron y me llevaron hasta la sala de la Cineteca para ver un clásico del cine francés, “La Bella y la Bestia” de 1946. ¿Qué tal, eh? Ciertamente me gustó bastante y por esa razón quiero compartir con ustedes 5 de las razones por las que me divertí y puedo recomendarla ampliamente:

1.- El guión: ¡Es maravilloso! A decir verdad me reconocí mucho con el personaje de la Bestia, que caray. Pero lejos del traje o del rol en la película, el humor tan particular que manejan durante toda la película es maravilloso. Bestia es directo y tiene diálogos como “Y cuando regreses, ¿serás mi esposa?”. Conciso, al grano, es o no es porque aquí no hay intermedios para dudar. Por el otro lado, Bella, también tiene algunos diálogos con sus buenas puntadas, en muchas ocasiones sólo se limita a contestar en monosílabos, cosa que pone más intención en el coqueteo entre los personajes y la intriga del espectador.

2.- La fotografía: No podía quedarme sin mencionar este punto. Si lo vemos desde una perspectiva no fotógrafa, era la década de los 40 cuando hicieron esas escenas, la tecnología, aunque avanzada para su tiempo, no permitía tener tantos efectos o jugar ampliamente con la luz. Por esta razón es que la foto vale oro en cintas como éstas. No por nada son consideras un clásico. Además, tomemos en cuenta que es una película en blanco y negro por lo cual, los contrastes son más bellos aún.

3.- La musicalización: Claro, ¡es cine francés! Aunque los efectos de sonido no son precisamente muy buenos, la musicalización tiene lo suyo. Suave y discreta muy al estilo francés pero presente y notoria a la vez. Claro que el mérito de la imagen y la música en una misma pieza aquí vale por dos ya que anteriormente ambos elementos debían ser tomados por separado y después unirlos para formar el todo, en esta caso, el film.

4.- El idioma: No podemos dejar atrás la mención porque #francés. Para muchas personas es uno de los idiomas más sexys, por su pronunciación o por su acento, el amor suena mejor cuando dices “oui”, ¿o no? 

5.- La época: Aunque no soy fan de la historia, siempre es bonito ver recreados ciertos lugares o momentos que por edad jamás te hubiera tocado vivir. Este es el caso de la Francia de 1946. Si ya de por sí es bella, poder ver algunas de esas imágenes, de los atuendos y de la vida que era en aquél entonces resulta, hasta cierto punto, impresionante.

Si tienen la oportunidad de ver esta joya, háganlo. No tengo la duración exacta pero les puedo decir que lo que dure, se van a divertir.

5 Películas que apoyan a la comunidad LGBTTI