Cuando un trailer de película pone este mensaje: “Cuando un Mexicano cae, nada nos detiene, nada nos divide, todos somos uno, porque juntos, logramos lo imposible. En honor a las víctimas y héroes de los sismos de 1985 y del 2017. Cuando México se hizo uno”, lo menos que puedes esperar, es ver reflejado en imagen ese mensaje de unión, sin embargo Kuno Becker falla terriblemente en transportar el mensaje.

Y ¿Por qué tendría la culpa sólo el joven “héroe” de la película?, porque el señor no solo escribió, produjo, dirigió, actúo, editó, musicalizó e hizo de todo en la película, por lo tanto, alguien que tiene tanto control sobre este ambicioso proyecto, debe ser merecedor tanto de aclamaciones como críticas.

Desde un inicio de la historia nos encontramos con demasiados Plot holes, fallas e inconsistencias del guión y desarrollo de los personajes; va algo así: Max (Kuno Wisseau Becker) es un tipo de reportero, productor, editor, realmente no se sabe su trabajo sólo que entrega eventualmente un video tape en una redacción de un canal (Tipo Televisa), que pasa a recoger a su hijo Tico (Ramiro Cid), para llevarlo a la escuela, la mamá de Tico es también reportera/periodista (nos enteramos más adelante en la historia), la pareja se encuentra o separada o por lo menos con problemas, ninguno de los personajes mencionados hasta el momento te causa ningún tipo de empatía, pero… continuemos.

 

Por otro lado tenemos la historia de Javier, un taxista viudo que le toca la mala fortuna de encontrarse  en el lugar incorrecto en el momento incorrecto, ya que la rutina del día lo lleva a dejar pasaje al Hotel Regis minutos antes de que se desate el sismo (19 de septiembre 1985).

Volviendo a Max, tenemos un padre desobligado, que sabe poco de su hijo, irresponsable, el cual se le hace una grandiosa idea antes de llevar al hijo a la escuela, llevarlo a su trabajo, como si eso fuera poco, lo deja sólo en compañía únicamente de la mascota del niño en el nivel 2 del sótano del edificio donde trabaja, a base de regaños. Corte B, el temblor sucede, el edificio se cae, él queda inconsciente y al despertar decide ir a buscar a su hijo.

En una historia anexa más, en medio de la tragedia, comienza a llegar un grupo de voluntarios a ayudar, a recoger escombro, buscar sobrevivientes, pero, nos encontramos ahora con un “villano” que es el dueño del edificio, quien no quiere que ciertos documentos lleguen a manos enemigas o equivocadas, por lo que tratará de remover a los voluntarios, para poder deshacerse del edificio y la evidencia con él de sus tratos chuecos, o de lo que gustes suponer, ya que nuevamente, no tenemos una idea clara de qué esconde y por qué, pero el por qué más importante, radica en ¿Por qué en una historia donde tratan de hablar de unidad, meten esta narrativa de un personaje corrupto que está en contra incluso de los voluntarios con tal de destruir, lo que quiera que sea que trataba de destruir?

 

En este mismo espíritu de en vez de ayudar, el personaje de Max, guiado por su desesperación, trata salvar a su hijo, pidiendo ayuda de los mismos voluntarios que trata de mandar a volar el dueño del edificio, y la mejor forma de pedir ayuda es a punta de pistola, ¿cierto?, lo sé, así de absurdo, porque no podía haberse ofrecido como voluntario y pedir las cosas de buena manera.

En otro punto de la ciudad devastada se encuentra un personaje más, que por mucho peso que quisieron darle, no logra la fuerza suficiente como para tener una causa o razón de ser, más que quizá tratar de “honrar” a las personas reales que formaron parte de esta desastre. El personaje es una reportera llamada Ximena (Sandra Echeverría)  que trata de ayudar, pero su trabajo se lo impide y le imponen o le informan que su manera de ayudar debe ser informando a la gente qué es lo que sucede, pudo haber no estado y dudo que haya cambiado demasiado el sentido de la ya mediocre historia.

Max obliga a Javier a ayudarlo a buscar a su hijo, por lo que se meten al edificio que se encuentra ya en ruinas, logran salvar a un bebé al que muy a fuerza termina quedándose Javier ya que prometió cuidar de él, eventualmente Javier logra salir llevando consigo al bebé y Max sigue solo buscando a su hijo, logra encontrarlo y salvarlo haciendo un gran sacrificio como todo un héroe.

En lo único en lo que sí puedo darles crédito es en las imágenes del sismo como tal, ya que si te tocó vivir el sismo de 1985 o de 2017, recordarás con pavor, nerviosismo e incluso tristeza aquellos momentos de caos y pánico total, en verdad logra enchinarte la piel, logra sensibilizarte al grado de que pueden rodar una lágrimas o dejes de respirar un momento, los efectos visuales, combinados con el banco de imágenes reales de 1985, más la ambientación de la locación, vestuarios, maquillaje y peinado te transporta a ese estado anímico.

A modo de conclusión, México vivió dos de las peores desgracias naturales, curiosamente en el mismo día exactamente, separado por 30 años de diferencia, pero en los corazones de todos los mexicanos, el 19 de septiembre, es un día que dificilmente olvidaremos.

Tengo la certeza de  que entre los miles de damnificados, víctimas y héroes reales, hay historias de unión verdadera, porque muchos lo vivimos, en esos momentos de necesidad, nadie se fijaba si eras rico, pobre, de qué color era tu piel, si conocías o no a las personas que necesitaban ayuda, en esos momentos algo surgía en tu corazón que te hacía querer ayudar, sin importar cansancio, dinero, esfuerzo, y honestamente, es molesto ver una producción que pudo en verdad haber honrado a todas estas personas que, en algunos casos literalmente dieron la vida por el prójimo, y en cambio no logra más que llenarte de personajes con los que no logras empatizar, donde es más importante meter temas de corrupción que escuchar las voces de aquellos supervivientes.