En el mundo de las películas de deportes pocas cintas tienen el legado e impacto que tiene la franquicia de Rocky Balboa. Esta franquicia que comenzó en 1976 no solamente cuenta con el logro de tener numerosos premios desde los Globos de Oro  y Oscares hasta los Premios de la Academia Japonesa, así como muchas nominaciones para varios premios, sino que además  se convirtió en increíble icono que muchas otras cintas van a seguir durante más de 40 años.

Con la secuela de su spin-off Creed estrenándose dentro de los próximos días, ¿Qué mejor motivo que este para poder repasar esta increíble franquicia? Así que, volvamos al principio: Philadelphia – 1976.

En Rocky seguimos al titular Rocky Balboa, un boxeador frustrado que intenta mantenerse a flote en las ligas menores sin poder llegar a mucho y siendo visto como un perdedor por todos a su alrededor, sin embargo, su vida cambia completamente cuando se le ofrece una pelea contra el campeón de peso completo de boxeo Apollo Creed, dándole su primer oportunidad para tener éxito.

Una de las cosas que distingue mucho a Rocky de la mayoría de las cintas en la franquicia es que es primero y principal un drama, y esto es reflejado por la excelente dirección de John Avildsen.  Toda la cinta tiene una atmosfera bastante cruda e inclusive deprimente en muchas partes, lo que sirve para acentuar la clase de mundo en el que vive Rocky, por lo que los momentos de tensión y conflicto que hay entre él y los demás personajes se sientan mucho más personales. .

A pesar de todos los problemas en los que se encuentra, Balboa es un personaje sumamente agradable y positivo con el que es fácil encariñarse a lo largo de la película, y el ver como comienza a enfrentarse a todas sus dificultades con la positividad que lo caracteriza lo hace muy entrañable. En resumidas cuentas, es la clase de persona de la que te gustaría ser su amigo.

Apollo Creed es el “antagonista” de esta cinta y aun cuando no vemos mucho de este personaje vemos suficiente para que él se convierta en una física manifestación de todo lo que Rocky no es: Confiado, creído y alguien que se dejó llevar completamente por la fama. No es alguien que se deje  odiar y esto lo atribuyo principalmente a la actuación de Carl Weathers, quien usa su carisma para darle vida a uno de los rivales más icónicos dentro del mundo del cine de deportes.

El resto de las actuaciones es bastante buena, pero considerando el enfoque que hay sobre estos dos personajes no hay mucho que se pueda decir: Tali Shire como Adrien hace un rol bastante pequeño pero entrañable como el interés romántico de Rocky y no puedo negar, verlos juntos es bastante entrañable; Burgess Meredith se convierte rápidamente en un entrenador bastante agradable que nos otorga uno de los entrenadores más icónicos dentro del género y Burt Young también hace un buen trabajo como el hermano de Adrien, un sujeto con muchos problemas pero con buen corazón.

A pesar de ser una cinta con muchos puntos sumamente fuertes tiene muchos problemas; la cinta se siente bastante lenta en muchas partes y la falta de música en algunos momentos no ayuda en este aspecto, algo de lo que no se recupera hasta los últimos minutos, cuando está por concluir el entrenamiento de Rocky y comienza la pelea contra Apollo, y es ahí donde la cinta brilla.

La pelea contra Apollo es una llena de tensión y de adrenalina a la cual no hay nada que se le podría cambiar: Todo desde los ángulos de cámara, el estupendo sonido que acompaña cada golpe, los diálogos y actuación por parte de todos los que se encuentran en ese lugar y la música que da cierre a esta película hacen que este combate sea el perfecto clímax para la película.

Habiendo dicho esto, no puedo negar que esta película es lejos de ser perfecta. Sé que hable al principio sobre los numerosos premios que recibió y a pesar de contar con muchos puntos fuertes, dudo mucho que si le preguntas a alguien que cinta es mejor: esta o Taxi Driver (contra la cual se contendió por el Oscar a mejor película en 1977) te dirían que esta.

No obstante, Rocky sigue siendo una película que merece el ser un clásico dentro del cine. Tiene todo lo que podrías querer de un clásico, y si hubieran trabajado un poquito más para hacer que sea más rápida y más corta (ciento que se podría contar la misma historia con la misma emoción y mensaje en menos tiempo que las dos horas que dura la cinta) me atreveré a decir que sería perfecta.

Sin embargo, este no es el fin de Rocky Balboa, su viaje apenas está comenzando, y continuaría en una secuela que mejoraría en casi todos los aspectos.