por Roy Cortés

Desde que se anunció, había dudas respecto a lo que sucedería con esta nueva versión del clásico de 1992 del mismo nombre y parece que, después de pocas fallas, han logrado capturar la esencia de los clásicos de Disney y traducirlos a un lenguaje más actual.

Cabe de inmediato la aclaración de que no es un filme perfecto, tiene errores (y no pequeños) pero es un paso mucho más seguro a lo que los fans queremos ver (y merecemos de un remake).

Comenzando con lo mejor está, y es de esperarse, la encarnación del genio de Will Smith. El comienzo de la película puede sentirse muy apresurado, pero una vez que el genio aparece, todo de repente tiene sentido, digamos que es el alfiler con el que cosieron el traje de la película, y evidentemente se roba cada escena donde aparece. ¡Es la magia que tenía la original pero más azul y con más brillantina! La música y las canciones juegan un papel primordial como el trailer ya nos dejaba ver un poco; Guy Ritchie logra crear un ambiente con sabor a Boliwood pero sin soltar el dulce de las mega producciones Holliwoodenses. Los bailes, los atuendos y escenarios, todo está colocado de una manera precisa para que se vea espectacular pero de una manera orgánica (lo entenderán al ver la escena del principe Alí).

La Jazmín de Naomi Scott es un acierto grande también. Renuevan al personaje a los tiempos y agendas que se viven hoy, sin forzarla como sucede con otras protagonistas de estos últimos tres años y el resultado es una princesa con la que es sencillo encariñarte. Si no he dado advertencia de spoilers hasta aquí, es porque si has visto y recuerdas a la original, notarás que ésta no se separa casi de nada de ella, lo cual no le resta calidad y emoción si es que te engancha en los primeros minutos y al final terminas envuelto en una historia por demás familiar.

En cuanto a lo negativo estaría nuestro protagonista Mena Massoud, quien nos da un Aladdin algo gris que tiene unos cuantos chispazos pero que no logra conectar del todo pero que se nota que si sigue este camino, promete muy buenas interpretaciones. Una de las grandes fallas a mi parecer es el Jaffar de Marwan Kenzari, me cuesta trabajo ver a ese gran villano de la primera Aladdin que resultaba hasta odioso pero aquí simplemente no cuaja y al final simplemente se va y parece que a nadie le importaba siquiera su presencia, a los espectadores tampoco. Seguro no han olvidado Let It Go de Frozen, pues esta versión de Jazmín tiene su propia Let It Go llamada Speechless, si no estuviera en la película tampoco pasara nada. Se siente metida con calzador.

Y sí, tenemos que hablar del CGI de nuestro amigo azul. Juro que hay momentos que se ve creíble pero la mayoría de las veces es simplemente raro, no en el mejor sentido, un par de horas más de render le hubieran caído bien; por supuesto Will Smith, sea verde o azul, brilla con luz propia y lo dota de alma, tal como, aunque de manera diferente, lo hiciera Robin Williams en la original.