Una de las muchas cosas que admiré de Outcast, la nueva serie del creador de Walking Dead, Robert Kirkman, es que nos acerca aun mundo diferente al que estamos acostumbrados a ver en televisión. Lejos de las grandes ciudades Outcast se lleva a cabo en un pueblo llamado Rome, West Virginia. Si sólo conoces Estados Unidos por las series y las películas podrías pensar que pueblitos como Rome son mas raros que los unicornios pero la verdad es otra. Industria decadente, infraestructura en ruinas y una avenida principal que no mide más que un par de cuadras, un pueblo pequeño que ha pasado mejores tiempos tratando de salir adelante en una época de inestabilidad económica, donde la religión el trabajo duro y una sensación de comunidad se ven enmascaradas por una sombra de sospechas.

Outcast es la historia de Kyle Barnes, un hombre que vive solo en la casa donde creció, maneniendo un aislamiento desconfortante de todos a su alrededor. El exilio interno es reforzado por ambos lados en una comunidad que lo juzga por un acto violento de su pasado, que, como tantas otras cosas en la historia del pueblo, se encuentra alejado de la verdad. Kyle tiene experiencia con lo sobrenatural habiendo lidiado con espiritus malignos que poseyeron a su familia cuando era niño. Esos eventos dieron forma a su vida y le arrancaron del mundano deseo de una familia y seguridad. Pero cuando el reverendo Anderson confronta a Kyle con evidencia de que los demonios que una vez lo atormentaron están haciendo lo mismo con otras personas de nuevo es arrastrado hacia la obscuridad que una vez había dejado atrás.

Historias de miedo, de sacerdotes, posesiones y exorcismos hasta el punto del hartazgo, es un testamento a la inventiva como escritor de Rober Kirkman y su equipo creativo para que nada de esto se sienta predecible o un refrito de las cosas que hemos visto cientos de veces repetido. La mitologia de la serie no es aquella de rezos en latin que representa la mayoria de los cuentos de cruzadas católicas en su lucha contra el demonio. El mejor termino para describir la lucha de Kyle y el reverendo en su controntacion con el mal es “visceral”.

En general el detalle cuidadoso con el que se lleva la serie hace que Outcast sea más que un programa de horror.  Pequeños elementos del pasado de Kyle salen a la luz en el presente. Es un show profundo y cuidadosamente elucubrado. Hasta los personajes más secundarios permanecen ambiguos. La secuencia inicial de Outcast supera a The Walking Dead en terminos de puro asombro al grado de que nos encontramos pronto inmersos en un programa que nos hace preguntarnos “¿Eso acaba de pasar?!”

Los exorcismos son crudos y feos, las interacciones de los personajes son pesadas y llenas de significado y sugestion. Kirkman ha crecido como “contador de historias” desde las epocas primeras en que escribió su obra maestra y denota ser un escritor maduro, enseñanzas que ha aplicado de forma magistral a este show desde el mismo piloto de la serie.