Sorprende que Netflix no haya hecho un esfuerzo promocional más importante con la segunda temporada de ‘Love, Death & Robots’ tras la buena acogida que tuvo el primer volumen de esta antología de cortometrajes creada por Tim Miller. Sobre todo si tenemos en cuenta que también anunciaron hace bien poco que tendremos una tercera el año que viene.

De entrada, sería fácil pensar que habían priorizado cantidad sobre calidad al ver que en esta ocasión son apenas ocho cortometrajes, menos de la mitad de los que dieron forma a la primera temporada. Una vez vistos está claro que el despliegue técnico y visual vuelve a ser de primer nivel, pero es que además he quedado más satisfecho con lo vistopese a que el equilibrio entre forma y fondo no termina de estar del todo conseguido.

Llama la atención que eso suceda porque en esta temporada se tiende a contar historias con un toque más personal que no recurren a los excesos para intentar seducir al espectador. En ellos hay alguna premisa muy llamativa como esa sociedad en la que la mayoría los adultos prefieren vivir para siempre a costa de no poder tener hijos, y se agradece que vuelva a haber una gran variedad, sintiendo que cada una de las historias quiere respirar por sí misma en lugar de por ser una pieza más o menos curiosa dentro de una antología.

Aunque la segunda temporada arranca con un episodio más orientado a la comedia, la mayoría de los episodios de esta segunda temporada tienen un enfoque más dramático y en ocasiones reflexivo, confiando en la potencia visual como principal soporte en lugar de preocuparse en que los guiones tengan la suficiente solidez para explorar el tema planteado. Es una pena que eso suceda, porque, por ejemplo, ‘Respuesta evolutiva’ tiene un arranque engancha y un acabado visual muy sugestivo con ciertos ecos de ‘Blade Runner’, pero a medida que va avanzando va perdiendo fuerza

No es algo que suceda en todos los casos, ya que ‘El gigante ahogado’, adaptación de un relato de J. G. Ballard, sabe cómo equilibrar en todo momento la importancia de cómo y qué estás contando, siendo sin duda mi favorito de este segundo volumen de ‘Love, Death & Robots’. En otros casos ese elemento más reflexivo que mencionaba antes me resulta vacío y caprichoso, pero aquí sí tiene esa dimensión necesaria para quedarme dando vueltas a lo que acababa de ver.

Love Death Robots Escena

También agradezco propuestas más sencillas y directa como ‘La hierba alta’ o ‘Cobijo’ saben exprimir el material a su disposición desde la pura intensidad, con el primero incluyendo además un logrado homenaje a Lovecraft. De hecho, no me importaría saber más del mundo de ‘La hierba alta’ sin que me haya quedado la sensación de que faltaba algo, cosa que me sucedió a menudo en la primera temporada.

Eso sí, por encima de cualquier tipo de preferencia personal, lo mejor de esta segunda temporada es que resulta más compacta que su predecesora sin que eso suponga buscar una mayor uniformidad entre ellas. Cada corto tiene su propio sello, especialmente en el apartado visual, y cada vez que uno empieza a reproducirse queda claro que vamos a ver algo diferente a partir del nexo que une a todos ellos.

En resumidas cuentas

Lovecraft

Pese a que los guiones siguen sin ser el punto fuerte de ‘Love, Death & Robots’, la segunda temporada de esta antología resulta más satisfactoria que la primera. Hay menos historias que dejan la sensación de quedarse a medias y en lo técnico vuelve a ser igual de impresionante o incluso más